Veronica Ferreyra

La transversalidad de la dimension ambiental en el feedlot.

Cuando se habla de gestión ambiental en establecimientos de engorde a corral (feedlots), muchas veces se la reduce, erróneamente, a la obtención de un certificado o al cumplimiento de un trámite administrativo. Sin embargo, la dimensión ambiental en este tipo de sistemas productivos es mucho más profunda y, sobre todo, transversal a todos los procesos que intervienen en la actividad.
La dimensión ambiental no se limita únicamente a “los árboles” o a la disposición de los residuos. Atraviesa aspectos esenciales como el confort animal, la bioseguridad, el orden y la higiene de las instalaciones, y, en consecuencia, impacta de manera directa sobre el desempeño productivo. En otras palabras, una adecuada gestión ambiental se traduce, de forma tangible, en indicadores económicos como la ganancia diaria de peso de los animales.
Por ejemplo, evitar la generación de barro excesivo no es solamente una cuestión estética o de impacto ambiental externo. Las condiciones de piso influyen directamente en el bienestar animal, reducen el estrés, favorecen la locomoción y el acceso a los comederos y bebederos, y disminuyen riesgos sanitarios. Todo ello redunda en un mejor índice de conversión alimenticia y en mayor eficiencia productiva.
Del mismo modo, garantizar la disponibilidad de sombra en épocas de calor extremo, contar con sistemas de abastecimiento de agua confiables y mantener un ambiente ordenado y limpio no son “gastos ambientales” sino inversiones que inciden directamente en la salud de los animales y, por ende, en la rentabilidad del establecimiento.
Por otro lado, el control de plagas, la adecuada gestión de efluentes y residuos, y el diseño de las instalaciones desde una perspectiva ambiental no solo permiten cumplir con la normativa vigente y acceder a los certificados de aptitud ambiental, sino que constituyen herramientas estratégicas para asegurar la sustentabilidad de la producción a largo plazo.
No es extraño escuchar, todavía, el argumento de que “si el animal no engorda más gracias a una intervención ambiental, ¿para qué realizarla?”. Este razonamiento desconoce que la gestión ambiental eficiente no es un accesorio de la producción, sino un componente esencial para prevenir pérdidas, optimizar recursos, reducir riesgos sanitarios y legales, y sostener la actividad en el tiempo, tanto desde lo económico como desde lo social y ambiental.
En síntesis, incorporar la dimensión ambiental de manera transversal en el feedlot no significa sumar costos innecesarios, sino garantizar condiciones que permitan alcanzar los objetivos productivos de manera más eficiente, responsable y sostenible. La gestión ambiental bien aplicada es, en definitiva, una aliada de la productividad y de la permanencia de la actividad ganadera en el tiempo.
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